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Este mes el “Taller de mamás y bebés” ha sido diferente. El fallecimiento de una persona cercana al grupo ha motivado que se trabaje el duelo, sus fases, sus manifestaciones físicas, emocionales, mentales, de comportamiento y espirituales.  Las 10 mamás que acuden al local situado en el Pozo del Tío Raimundo mensualmente, además de los talleres relacionados con el desarrollo y crecimiento de sus hijos, encuentran un espacio en el que poder reflexionar, hablar y compartir sus experiencias.

Patricia Zurita, responsable del proyecto, nos describe cómo ha trabajado la sesión:

“Recientemente ha fallecido una mamá cercana al proyecto, y hemos creído necesario acompañarlas en este proceso. Ha sido un taller más sentido, puesto que no es lo mismo hablar del duelo cuando ya ha pasado que cuando acaba de comenzar.

 Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas (Mario Benedetti)

 A partir de este rezo hemos iniciado la sesión. Tras la lectura de fragmentos de textos de Borges y Benedetti hemos filosofado sobre la muerte, reflexionando sobre su misterio, su silencio, su vacío…

 Hemos observado que en la vida todo es cíclico, todo se mueve en una melodía repetitiva de transformación permanente. A la noche le sigue el día y al día la noche; al verano el otoño, al otoño, el invierno y al invierno la primavera; el agua que cae en la lluvia se convierte en ríos y mares para después elevarse en forma de vapor y caer más tarde de nuevo…a la vida le sigue la muerte y a la muerte el nacimiento…

 Hemos anotado y ejemplificado las fases del duelo y sus manifestaciones físicas, emocionales, mentales, de comportamiento y espirituales, encontrando diferentes recursos para utilizar en cada momento.

 Todo lo que amamos se nos puede arrancar. Lo que no se nos puede quitar es el poder de elegir qué actitud asumir ante esos acontecimientos”(Víctor Frankl)

 Un duelo es una crisis que conlleva un cambio, movimiento. El duelo está en muchos más lugares que en la muerte física. En ocasiones una separación, la independencia de los hijos, una enfermedad, un cambio de cole y otras muchas vivencias conllevan un duelo, una adaptación al momento nuevo. Esas situaciones a veces son inevitables, no podemos hacer nada porque no sucedan o porque vuelvan a ser como antes, pero podemos aprender de ellas y crecer, o podemos debilitarnos y enfermar.

 Este ha sido uno de los momentos del taller en el que más presentes han estado los niños. Aceptar las dificultades de cada una de ellas como madres, y el cambio sustancial que se ha producido en sus vidas ha sido para todas como atravesar un duelo.

La guinda del taller ha venido con la palabra “perdón”. Dicen que “el perdón es el agua que extermina los incendios del alma”. Y como dice Shakespeare: “es dos veces bendito: bendice al que lo da y al que lo recibe”. Aquí hemos reparado en los duelos que no hemos terminado, que no han sido realizados. Y hemos sido más conscientes de lo importante que es la introducción de esta palabra de manera consciente y profunda, que no rutinaria y sin peso, en el vocabulario en familia.

 Después de esto nos hemos ido a la pintura. Apreciando que son muchos los artistas que expresan el duelo en sus obras. Algunos ejemplos sobre los que hemos hablado y reflexionado han sido: Anciano en pena de Van Gogh, La autómata de Edward Hopper, El caminante sobre el mar de nubes de David Friedrich… (imagen de portada)

 Para finalizar la jornada, una de las madres, se ha ofrecido a leer un precioso texto de Benedetti que nos impulsa a seguir viviendo, que termina diciendo: Porque no estás solo, porque yo te quiero“.